Estoy vivo
vivo en Santiago de Chile y estoy vivo
relativamente sano con un poco de sobrepeso
algunas veces soy elegante aunque ya no tan buen mozo
ni tan joven ni tan diestro en el arte de seducir
sonriente como animador de programa dominical
instalado en este mundo en blanco y negro
dónde los comunistas se demostraron liberales
los liberales unos fascistas y al final todos unos cretinos
a pasar de seguir sosteniendo sus discursos antidiluvianos
todo cambia es lo más seguro
la llama de la libertad no está en la plaza Bulnes
O’higgins con sable y caballo encabritado arrancando
del desastre de Rancagua fue desplazado
ligeramente hacia la izquierda del observador
ciertamente yo tampoco soy el mismo
a pesar del pie plano y el hígado medio complicado
la chaqueta de combate y el pantalón mimetizado
el Doctorado en filosofía y las lecturas luteranas
no soy las bailarinas de los topless de Mapocho
el Sida que ha diezmado a los más transgresivos
entre el mal olor de nombres desparecidos
los poetas esos genios de botellas
que terminan muertos con el mal olor característico
de los burdeles y los moteles parejeros del centro
víctimas de sí mismo -que no somos otra cosa-
lanzados al kilómetro o tirados con hondas
ahorrando para comprarse un microondas
para saltar de una de las torres de Providencia
y acabar con todo en un minuto
vivo como si nadie supiera de mi
vivo como si viviera en mi
vivo sin vivir en mi
como si todos me quisieran
como si nadie me quisiera
con demasiadas historias truncas abandonos queridos
partidas planificadas y la soledad cómoda del que ama besa y olvida
distinguiendo que quien te ama te destruye con el olvido
vivo en esta ciudad pobre como una rata
con libros y la vergüenza
en un cuarto sin ventana y una puerta
que se despedazan cuando la tocan
una ciudad que me recuerda que la inspiración viene y pasa
como la diarrea que por las alcantarillas se encamina rumbo al mar
porque nuestras vidas son los ríos
y nuestros ríos son de mierda
y al final todo va a dar al mar
vivo en esta ciudad sin trabajo
en una ciudad que no tiene plaza ni un hoguera para Bruno
en una ciudad que persigue y castiga a sus maricones
vivo en esta ciudad aunque no soy padre de familia
más solo que la una del reloj
con cañonazo a las doce del día y campanas para la misa
con mi madre en el sector sur de la ciudad
con mi padre a medio filo en la piel de mi madre
con más de un amigo muerto de cáncer
con una ebriedad de carnaval y despedida
con una hermana y su hijo
con un hermano y su mujer que viven en Tomé
con algunas cartas despedazadas por la lluvia
con casi todos los dientes en la boca
con el pelo largo y algunas canas
estoy vivo en una ciudad
por donde pasaron los torturadores
los generales y los brokers de la bolsa
los candidatos y los ciudadanos que votan/ los que no votan
las grandes alamedas las pequeñas viñas las noches de invierno
los testigos de Jehová y el día de Lonquén en el desierto
los punkies los que aman sin cansarse los que viven y no perdonan
el hecho de estar vivos
los que van a salir de aquí perfectamente muertos
como Oscar Alonso Muñoz Vega/ Alex Garrido o mi Abuela María Mercedes
vivo en una ciudad hecha de droga
con el pelo largo y la barba despeinada grito
clavando en las puertas de la catedral mis tesis:
Santiago ist das Opium der Volkes
vivo en la misma ciudad en que Neruda Huidobro y De Rokha
murieron por que ellos también mueren
vivo afeitándome el bigotón en las lágrimas de un Dios muerto
vivo en una ciudad contaminada y violentamente bella
no tengo problemas de colesterol y tengo un colmillo careado
a pesar de comenzar a ser viejo no me he arrugado
sigo pensando que la tierra es plana
y con Dios me acuesto y con Dios me levanto
no tengo esposa que me ame ni perro que me ladre
y mi amante está demasiado lejos solo amo mis libros
mis amigos se compadecen porque he vuelto
piensan que la cosa es medio delicada
se preocupan o me evitan:
vivo en esta ciudad y estoy vivo